Dos jóvenes lobitos

Apasionadas noches de un verano interminable, de dos lobos adolescentes, enamorados

El poeta de la horas inquietas, cosmonauta más allá del bien y del mar, observando sueños en cordilleras de interrogaciones. Coordinador del caos, siempre despertando de madrugada para aullarle a la luna.
El primer aullido juntos

Han volado 3 cuervos con dirección a la profundidad del bosque

se han mecido las ramas de un árbol de mil años

y los niños juegan en la calle

como si un terremoto

hubiera despertado desde el mismo

centro de sus pequeños cuerpecitos

para hacerles temblar como una hoja

mecida por un huracán.


En la distancia, allí en las montañas azules

Hay un lobo gris, joven, pintando con acuerales

los días tristes donde la caza es esquiva

Entre sus manos un cuaderno doblado

donde, a veces, apunta con delicadeza

los versos que le inspira su idílica amiga


Los niños truenan allí en la plaza

como una tormenta de verano,

chapotean entre sueños y balonazos.


Donde acaba el camino de los campos

el lobo seduce a una juguetona, como él

adolescente, como él, enamorada

y ambos se van acercando poco a poco

con tímidas mirada y una cola que se escapa

para acariciar casi sin querer la espalda del otro

y casi casi se ríen, entre frases tartamudas

y despistadas miradas, se van quedando

hipnotizados, como una bellísima estatua

la noche va haciendo de su conversación un susurro

mientras nadie los ve

el lobito se pone muy recto y le cuenta

que su aullido es grave y poderoso

y los dos se quedan espectantes

a que aperezca la luna llena

para escuchar como aúlla nuestro lobito

los niños ya duermen y el terrémoto

se ha dejado el balón en una esquina de la plaza


-aúúúúú- y la mira orgulloso como quien

ha dejado de ser un niño y le muestra

un poco de barba en las patillas

ella lo mira divertido con una sonrisa juguetona

y la cabeza ladeada, mientras su cola juguetona

también le sonríe.


Selene los observa preguntándose quién llama

a esas horas, tan temprano cuando los lobos

deberían estar cazando la cena Y piensa ¡qué impertinencia!

¡ ESTOS CHIQUILLOS!


Desde esas rocas cerca del abismo

y el lobito, sonrojado le pregunta

-¿ Qué te parece? ¿aúllo bien?

– Genial, si quieres podríamos aullarle

los dos a la vez ¿ quieres?


Los dos al unísono aúúúúúúllan

Y Caen muertos de la risa uno encima del otro.

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