Entre la maleza intentando asustar a Lobita,
en un día de alegría
primaveral.
Lobito permanecía inmóvil,
observando cada centímetro
de una rockera camiseta
que dejaba al descubierto
su espalda.
Lobito distraído
en los recovecos
de su piel.
Distraído con su atractiva silueta
acechando con cautela a su chica.
Para darle tremendo susto y caer sobre ella,
con el viento propicio, con una sonrisa en los labios
con su deseo desatado y sus afilados colmillos
sin mediar palabra, saltó sobre ella.
Ésta sobresaltada le dio monumental mordisco
Lobito no paraba de reír,
con los dientes clavados en su patita,
no paraba de reír
ni de lamerle las orejitas, Ella tumbada bocarriba.
Él la atrapó de su cuello
con sus fauces
con delicada pasión
en un frenesí de mordiscos y lametones.
Eran días felices, de una primavera naciendo
brutal y salvaje desde sus entrañas.
De no parar de reír, de contemplar como crecía
esa emoción irracional y atemporal,
ese deseo incontrolable, esas ganas de verse y besarse
besarse y lamerse, morderse. Comerse los anhelos y soñar
despierto preso de un desenfrenado deseo,
de verte, de oír tu voz aquí y es que
te echo tanto de menos Lobita.
Quedar abrazados
inmóviles, quietísimos, como si pudiera
frenar el tiempo, sostener los sentidos
parar el tiempo y retener ese momento
grabarlo en mi memoria junto al sonido
del agua movida por una suave brisa
en la playa de tu pecho.
Fijarlo en mi memoria
como la primera vez
que me miraron, pero esta vez
crearé un libro nuevo.
Unas frases nacidas de ese instante
entre tus brazos, cogido del cielo.
Cuando con sutil fuerza sostienes mi mundo
con cada gesto, con cada mirada
para regalarme unas alas relucientes
poderosas, bellísimas como tú, Lobita.
En un apartado con tu nombre,
en una biblioteca donde en cada libro
sólo existen frases, párrafos, capítulos enteros
con tu imagen:
Allí en aquella distante playa.
Sentados en el thais.
Bailando en cualquier festival.
…
Cualquier instante a tu lado
por breve que fuera, por distante
en el tiempo y en el espacio
es un libro entero para mí.
Donde beben cada día los Lobitos.
Frenar el segundero, un instante
sólo un instante más entre tus brazos.
Tiernas caricias en su delicado y decidido rostro.
Su sonrisa, siempre su sonrisa.
– No podía dejar de mirarla.- a su lado.
– No podía dejar de pensarla.- en su ausencia
Siempre llevo en el bolso una fotografía
de los 5 segundos
que caminamos de la mano.
Caer lentamente desde la mejilla
hasta sus labios, retener vida
los sutiles instantes, juntos, entre susurros
era como respirar templada dulzura.
Besarte ha de ser
un dédalo en una frondosa selva
llena de frutos rojos, embriagados.
Una apasionada noche
bailando
en los brillos de tus labios.
Besarte ha de ser
un bocado delicioso
del árbol de la pasión.
Una copa de ese elixir
prohibido hace siglos.
¿ Dónde te escondes, María ?
Acaso eres la sombra de aquel solitario árbol
Entre los campos de trigo que acaricio
cada mañana, con mi memoria.
¿Dónde vives? ¿ Dónde te escondes?
Donde moran mis frases
donde acaban mis párrafos
siempre te encuentro.
En estos verbos enamorados, te veo
te veo, aquí escondida entre rótulos en negrita
a cada coma susurro tu nombre
en cada punto oculto tu esencia
al terminar un párrafo, marco un punto
y a parte, parte de mí, parte de ti.
Revivo una historia
sueño en como podría ser
renazco, cada segundo
en un tiempo
presente en mi memoria, en mis manos,
en tus ojos, y siempre en la sonrisa
dibujada en mí, cuando te pienso.
Cómo te echo de menos, Lobita.
Lobita ¿ Estás aquí a mi lado?
Te siento cada vez que empiezo a escribir.
Eres
deseo, pasión, luz
Eres
luz del amanecer, mañana, tarde
crepúsculo, noche
pero nunca, jamás oscuridad.
Eres
sonrisa, alegría, felicidad, sueño, vida
De tu mano
bailo, vuelo, siento, quiero, amo.
Como deseo aullarle a la luna a tu lado,
¡joder! cuanto te amo, Lobita.
¡aúúúúúúúú!



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