Dos jóvenes lobitos

Versos, aullidos, historias. Apasionadas e interminables noches, latiendo fortísimo dentro de dos jóvenes lobos, adolescentes, enamorados, atravesando aventuras memorables, promesas inquebrantables e imaginando hazañas épicas siempre llenos de sueños mágicos. Mientras se comen la vida impregnados de hermosos colores, como el de buscar la verdad o la belleza, como alcanzar cimas imposibles, como ser el orgullo de los lobeznos que fuimos.

¿Estás ahí?

Entreabriendo los miedos

Lobito despertó

entre profundas tinieblas.

Una luna menguante

apenas iluminaba

unas cenicientas nubes

cubriendo el bosque

de una extraña quietud.


Un reflejo en los ojos de un zorro

le recordó

el sueño recién olvidado


Sueño donde habían pasado

corriendo por el bosque

hasta el lago y volando

por encima del agua

atravesaron puertas gemelas

de un pasillo entre la nubes

abrieron todas las puertas

entraron en cada sentir

lloraron, rieron, tuvieron

pavor, ira, se asustaron.

Volaron presos de una imprudente

osadía, se precipitaron dentro del lago

como si nadie los pudiera detener

sumergidos en las agitadas aguas

del deseo, empapados de vida

se fundieron con el lago

y fueron corrientes enfurecidas

llenas de enérgica vida.


Entonces, ella desapareció entre las profundidades

y al intentar encontrarla, despertó.


Entumecido se levantó para

sentir

como había cambiado

su cuerpo era diferente.

El pelaje gris de la barbilla

empezaba a clarear,

era un Lobo maduro

se sintió corpulento

fuerte, sintió que junto a las canas

había una recuperada

emoción, arrinconada largo tiempo.


Lobita permanecía tumbada

como una Loba Alfa fuerte y poderosa


El claro en la arboleda

era parte del frondoso bosque.

Las épocas se sucedían

bajo las pisadas de Lobito


¿ Cuánto tiempo había dormido?


Lobita le parecía una Loba

altísima y su poderosa respiración

hacía temblar el bosque a su alrededor

su salvaje latido horadaba el suelo

bajo su enérgico pecho,

su férreo palpitar

golpeaba en el suelo

con decidida intensidad.


Temía despertarla,

acaso molestarla.


Lobita serena, segura, tranquila,


Mientras Lobito

observaba atento a su amiga.


Se imaginó la vida de Lobita

¿ Acaso era él quien seguía dormido?


Ella abrió los ojos

y su sonrisa estaba allí

curiosa y feliz, grande y tierna.

Su mirada audaz y divertida

se posó un instante en Lobito

y una avalancha

De inesperadas y secretas

emociones sacudió su alma.


Temió por un instante que no lo reconociera

Pero ella se levantó con un pequeña pausa

bostezó, se estiró, lo miró y sorprendida

le preguntó – ¿ Estás bien?-

Lobito

En un intento por aparentar

Confianza

Intentó que sus palabras

sonarán maduras, seguras

y Lobita no notara

cuán impresionado estaba.


Con una sonrisa robada

con la barbilla levantada

muy despacio, le susurro

casi cantando:

– Como siempre.


Ella sonrió y pasó a su lado

provocando un pequeño sismo

con cada pisada, era como si el bosque

se apartara respetuoso para no molestar

su imperturbable caminar.


Eran Lobos maduros

Pero dentro de Lobito

sólo había pasado

una breve noche.


El inquieto Lobito

estaba allí, era joven ayer

y hoy se miraba a un espejo

que no paraba de hacerle reír.


Cuánto

tiempo había pasado, lo recordaba,

o era un suspiro

de un pasado brumoso

olvidado.


Eran los sentimientos

pretéritos, resguardados

al abrigo en su memoria .

En los ojos de Lobito

apenas pasaron unas horas.

Pero temía verse ajado y ojeroso

Le recordaría, Lobita.

o se habían perdido las conversaciones

los abrazos, las risas y el cariño

en un viejo cajón lleno de agrietadas

fotografías.


¿ Dónde había viajado

vivido, bebido, bailado?

¿ Dónde se escondía

la soñadora Lobita?


¿ Estaba allí con ella?


Ella permanecía impertérrita

Ella era como un estatua

griega, de mármol blanco,

ebúrnea, como roca tallada, sus facciones

habían florecido, cada pliegue en sus gestos

su penetrante mirada y su sonrisa,

su sonrisa era un amanecer de primaverales

amapolas, su sonrisa abrazaba

los felices días de una tarde de verano

su sonrisa mordía enormes pedazos de vida

era grande, luminosa, irradiaba divertidos

rayos de dicha, su sonrisa

era como si gritara alegría, su sonrisa.


Brillaba un halo

de descuidada belleza

de desordenado y salvaje

encanto.

Como si hubiera dejado

atrás sus miedos.

Como si su atractiva presencia

brotara en el claro del bosque

desde su desaliñado lecho

incitará

a las plantas a florecer

a los pájaros a cantar

al bosque a respirar.


Lobita gritaba verdad, en cada aullido.


Sólo había pasado una noche

pero había durado veinte años.


Su cuerpo latía con violencia

Cuando la tenía cerca

y Lobito dio unos pasos hacia atrás

era poderosa y se asustó.


Las canas de Lobito en su pelaje

las arrugas en sus hoyuelos

los pliegues bajo sus ojos

contaban una triste historia

de días en blanco, vacíos

solitarios y olvidados.


Acaso ella recordaba

los versos que le escribía

en aquel cuaderno rojo

perdido en otro tiempo,

nacido en otro lugar

lejos, lejos, lejísimos.


Entonces, entre susurros

Lobito la miró y le preguntó:

-¿Eres tú Lobita?

A lo que ella contestó

con aterciopelada voz:

-Claro, amigo mío, claro.-


Un escalofrío recorrió su espina dorsal

doblando su espalda como un arco

a punto de disparar.


Desde lo más hondo de su alma

surgió una realidad arrinconada.

En el ultimo pedacito de su alma

donde quedan las preguntas

sin respuestas.

Allí donde vive la soledad

abrazando la timidez

de la mano del miedo.

Desde donde los temerosos

sueños rotos

se esconden de la memoria.

Donde quedan las palabras

que nunca dijimos y los besos

que nunca nos dimos.


Al sentir esa desabrida

pasión, esa desbocada dicha

dueña de una exuberante alegría

Lo supo con certeza


Había vuelto

de donde nunca se fue.


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