Lobito había amanecido con un hasta luego
de nuestra chica, ella se había levantado despacio
como crecen las plantas
había nacido de su lado
como una flor que se abre
con el primer rayo de sol
como una gota de rocío
cayendo lentamente por el tallo
de una hoja verde esperanza.
Lobito se había girado y sonreía
embelesado, con los ojos medio abiertos
la imagen se hacía difusa.
Lobita
parecía una aparición
un espíritu del bosque
con su pelaje albar
con su lento despertar
con sus pasos sobre las flores,
con su desgarrador aroma
con su distinguida belleza.
Cuando la sinfonía del bosque
se hizo atronadora
Lobito
se arrancó la pereza y comenzó
a escribir en su libreta, unos versos,
con las comas enamoradas
porque así la amaba.
Cuando albergaba
la esperanza
en su regreso
escribía:
Necesito
un segundo, en el refugio
De tus abrazos
Otear tu sonrisa
allí en aquel anhelado
horizonte
Verte
con tu risa
¡vuelo, salto, sueño.!
Cuando todavía
guardo en un pequeño cofre
los recuerdos
de tu aroma
No te has ido ¿Verdad?
Ya te echo de menos
cuando rememoro
tu caminar
yendo a beber al lago
ya te añoro.
Nunca te has ido ¿Verdad?
Ahora las lentísimas horas
Han tornado semanas
los silencios años.
Te busco, perdido, sumergido
en la risueña memoria
aquí en lo más hondo de mis mares
rebusco tu recuerdo
en la cálida arena
de aquella playa
donde aún hay ecos
de tu risa
¿dónde, cuándo, cómo?
conozco el porqué
tanto que vive aquí
entre la risa y el llanto.
Por el verbo de 4 letras
que se ha posado
en las entrañas de mi pecho.
Pensar, pensarte, imaginar
como adoraba enredarme
en tu blanco pelaje
de atrevidas preguntas.
No sé cómo serenar
este luminoso fuego, esta pasión desordenada.
No puedo más que entrever
tu pardo iris,
tu clara risa
No puedo mas que recordar
todos los abrazos,
cada guiño
y tus hermosas sandalias.
No puedo más que vivir
en la desatada locuacidad
de las noches a tu lado.
No puedo más que evocar
la foto que le hicimos
a aquel amanecer.
y esa cerveza
esa última cerveza juntos.
Lobito sentía latir el bosque
Lobito bebía cada brizna de vida
Sentía que podía inventar
al lado de Lobita miles de disfraces
con incontables máscaras
para hacerla reír,
para verla feliz
Disfraces
como el de guerrero
o el de bohemio,
el de displicente caballero,
o el de distinguido embajador
el de elegante DJ
o el de salvaje macarra.
Trajes de seda
para acariciar su alma.
y siempre, siempre, siempre
una vez más
sólo una vez más
escuchar su risa.
Pero siempre temía que si ella
veía su alma desnuda
si ella veía al solitario lobezno
que no entendía por qué todos corrían
ni adónde querían llegar.
Lobita se asustaría.
Si ella veía al versador
que temía escribir el nombre
de Lobita
por si alguien descubría
cuanto la amaba, la arrancarían
de su lado.
La perdería.
Si veía su alma
colmada de cicatrices
sus miedos, su atroz pánico a la oscuridad
y a la soledad, se asustaría
se iría a otro bosque.
Se mostraba divertido, distraído, indiferente
cosmopolita, a veces superficial
pues temía arrastrar a Lobita
al desolador abismo que vivía
en lo mas profundo
de su adolescente y arrogante juventud
Construía armaduras relucientes,
listas para mostrar,
en un mundo
que siempre le había resultado
hostil y violento.
Construía memorables personajes
llenos de graciosa e ingeniosa
ingenuidad, sólo para verla reír.
una vez más, sólo una carcajada
más y hacerle cosquillas
en el alma
y siempre, siempre, siempre
una vez más
sólo una vez más
escuchar su risa.
Y ser feliz por un rato.



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