Dos jóvenes lobitos

Versos, aullidos, historias. Apasionadas e interminables noches, latiendo fortísimo dentro de dos jóvenes lobos, adolescentes, enamorados, atravesando aventuras memorables, promesas inquebrantables e imaginando hazañas épicas siempre llenos de sueños mágicos. Mientras se comen la vida impregnados de hermosos colores, como el de buscar la verdad o la belleza, como alcanzar cimas imposibles, como ser el orgullo de los lobeznos que fuimos.

Armaduras

Lobito había amanecido con un hasta luego

de nuestra chica, ella se había levantado despacio

como crecen las plantas

había nacido de su lado

como una flor que se abre

con el primer rayo de sol

como una gota de rocío

cayendo lentamente por el tallo

de una hoja verde esperanza.

Lobito se había girado y sonreía

embelesado, con los ojos medio abiertos

la imagen se hacía difusa.


Lobita

parecía una aparición

un espíritu del bosque

con su pelaje albar

con su lento despertar

con sus pasos sobre las flores,

con su desgarrador aroma

con su distinguida belleza.


Cuando la sinfonía del bosque

se hizo atronadora

Lobito

se arrancó la pereza y comenzó

a escribir en su libreta, unos versos,

con las comas enamoradas

porque así la amaba.


Cuando albergaba

la esperanza

en su regreso

escribía:

Necesito

un segundo, en el refugio

De tus abrazos


Otear tu sonrisa

allí en aquel anhelado

horizonte


Verte

con tu risa

¡vuelo, salto, sueño.!


Cuando todavía

guardo en un pequeño cofre

los recuerdos

de tu aroma


No te has ido ¿Verdad?


Ya te echo de menos

cuando rememoro

tu caminar

yendo a beber al lago

ya te añoro.


Nunca te has ido ¿Verdad?


Ahora las lentísimas horas

Han tornado semanas

los silencios años.


Te busco, perdido, sumergido

en la risueña memoria

aquí en lo más hondo de mis mares

rebusco tu recuerdo

en la cálida arena

de aquella playa

donde aún hay ecos

de tu risa


¿dónde, cuándo, cómo?

conozco el porqué

tanto que vive aquí

entre la risa y el llanto.


Por el verbo de 4 letras

que se ha posado

en las entrañas de mi pecho.

Pensar, pensarte, imaginar

como adoraba enredarme

en tu blanco pelaje

de atrevidas preguntas.


No sé cómo serenar

este luminoso fuego, esta pasión desordenada.


No puedo más que entrever

tu pardo iris,

tu clara risa


No puedo mas que recordar

todos los abrazos,

cada guiño

y tus hermosas sandalias.


No puedo más que vivir

en la desatada locuacidad

de las noches a tu lado.

No puedo más que evocar

la foto que le hicimos

a aquel amanecer.

y esa cerveza

esa última cerveza juntos.



Lobito sentía latir el bosque


Lobito bebía cada brizna de vida


Sentía que podía inventar

al lado de Lobita miles de disfraces

con incontables máscaras

para hacerla reír,

para verla feliz


Disfraces

como el de guerrero

o el de bohemio,

el de displicente caballero,

o el de distinguido embajador

el de elegante DJ

o el de salvaje macarra.


Trajes de seda

para acariciar su alma.

y siempre, siempre, siempre

una vez más

sólo una vez más

escuchar su risa.


Pero siempre temía que si ella

veía su alma desnuda

si ella veía al solitario lobezno

que no entendía por qué todos corrían

ni adónde querían llegar.

Lobita se asustaría.


Si ella veía al versador

que temía escribir el nombre

de Lobita

por si alguien descubría

cuanto la amaba, la arrancarían

de su lado.

La perdería.


Si veía su alma

colmada de cicatrices

sus miedos, su atroz pánico a la oscuridad

y a la soledad, se asustaría

se iría a otro bosque.


Se mostraba divertido, distraído, indiferente

cosmopolita, a veces superficial

pues temía arrastrar a Lobita

al desolador abismo que vivía

en lo mas profundo

de su adolescente y arrogante juventud


Construía armaduras relucientes,

listas para mostrar,

en un mundo

que siempre le había resultado

hostil y violento.


Construía memorables personajes

llenos de graciosa e ingeniosa

ingenuidad, sólo para verla reír.

una vez más, sólo una carcajada

más y hacerle cosquillas

en el alma

y siempre, siempre, siempre

una vez más

sólo una vez más

escuchar su risa.

Y ser feliz por un rato.


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