Dos jóvenes lobitos

Versos, aullidos, historias. Apasionadas e interminables noches, latiendo fortísimo dentro de dos jóvenes lobos, adolescentes, enamorados, atravesando aventuras memorables, promesas inquebrantables e imaginando hazañas épicas siempre llenos de sueños mágicos. Mientras se comen la vida impregnados de hermosos colores, como el de buscar la verdad o la belleza, como alcanzar cimas imposibles, como ser el orgullo de los lobeznos que fuimos.

  • ¿Me invitas a una cerveza?

    Lobito descubre que la alegría de Lobita transforma el bosque entero. Entre animales sonrientes, lágrimas de felicidad y amor desbordado, termina confesando que la ama desde hace “mil millones de noches”.

    El fuerte de los lobeznos

    Lobito imagina cómo sería un pequeño lobezno criado junto a Lobita: sensible, curioso, distraído y valiente frente al miedo. Entre juegos, castillos inventados y sueños infantiles, descubre que en realidad está describiéndose a sí mismo cuando era niño.

    Sólo cinco segundos

    Lobito recuerda los días en que corría junto a Lobita entre bosques y senderos secretos, sobreviviendo de palabras, silencios y deseos nunca consumados. Pero una noche, tras un breve instante de felicidad cogidos de la mano, la mirada cruel de los titanes les hizo comprender el peso del rechazo y el miedo.

    ¿ Has visto cómo luce el sol?

    Lobito y Lobita juegan entre la maleza durante una primavera luminosa mientras el deseo, la ternura y la memoria convierten cada instante juntos en un refugio eterno.

    El día del huevo

    Lobito y Lobita convierten el bosque en una yincana de sonrisas, trueques y cuentos improvisados. Mientras juegan a conseguir pequeños tesoros para cambiarlos por comida y moscatel, Lobito intenta esconder que cada gesto de Lobita lo está enamorando para siempre.

    ¿Estás ahí?

    Lobito despierta creyendo haber dormido una sola noche, pero el tiempo ha transformado el bosque, su cuerpo y a Lobita. Entre miedo, ternura y memoria, descubre que algunos vínculos sobreviven incluso a los años soñados.

    Armaduras

    Lobito descubre que amar también es temer. Mientras observa a Lobita alejarse hacia el lago, escribe versos sobre su ausencia y comprende que todas las máscaras que lleva —guerrero, bohemio, salvaje— no son más que armaduras construidas para ocultar el miedo a quedarse solo.

    Noches menguantes

    Dos jóvenes lobos pasan las noches compartiendo confesiones, sueños y temores mientras descubren el peso de crecer. Entre cacerías, poesía y horizontes lejanos, ambos comprenden que quizá algún día deban separarse, aunque siempre seguirán aullando a la misma luna.

    Llueve

    Bajo una tormenta interminable, dos jóvenes lobitos buscan refugio entre el frío, los recuerdos y las viejas leyendas. Mientras la lluvia empapa sus miedos, Lobito comparte una antigua historia sobre una loba destinada a traer la primavera a un mundo de hielo y oscuridad.

    El primer aullido juntos

    Dos lobitos adolescentes pasan su primera noche juntos, entre tímidas sonrisas y lunas impertinentes.

    Cerca

    Dos jóvenes lobos se descubren junto a un riachuelo mientras la primavera despierta la pradera. Entre juegos, reflejos y carreras imposibles, nace una unión salvaje y luminosa que ya nunca volverá a separarse.

    Armaduras

    Lobito había amanecido con un hasta luego

    de nuestra chica, ella se había levantado despacio

    como crecen las plantas

    había nacido de su lado

    como una flor que se abre

    con el primer rayo de sol

    como una gota de rocío

    cayendo lentamente por el tallo

    de una hoja verde esperanza.

    Lobito se había girado y sonreía

    embelesado, con los ojos medio abiertos

    la imagen se hacía difusa.


    Lobita

    parecía una aparición

    un espíritu del bosque

    con su pelaje albar

    con su lento despertar

    con sus pasos sobre las flores,

    con su desgarrador aroma

    con su distinguida belleza.


    Cuando la sinfonía del bosque

    se hizo atronadora

    Lobito

    se arrancó la pereza y comenzó

    a escribir en su libreta, unos versos,

    con las comas enamoradas

    porque así la amaba.


    Cuando albergaba

    la esperanza

    en su regreso

    escribía:

    Necesito

    un segundo, en el refugio

    De tus abrazos


    Otear tu sonrisa

    allí en aquel anhelado

    horizonte


    Verte

    con tu risa

    ¡vuelo, salto, sueño.!


    Cuando todavía

    guardo en un pequeño cofre

    los recuerdos

    de tu aroma


    No te has ido ¿Verdad?


    Ya te echo de menos

    cuando rememoro

    tu caminar

    yendo a beber al lago

    ya te añoro.


    Nunca te has ido ¿Verdad?


    Ahora las lentísimas horas

    Han tornado semanas

    los silencios años.


    Te busco, perdido, sumergido

    en la risueña memoria

    aquí en lo más hondo de mis mares

    rebusco tu recuerdo

    en la cálida arena

    de aquella playa

    donde aún hay ecos

    de tu risa


    ¿dónde, cuándo, cómo?

    conozco el porqué

    tanto que vive aquí

    entre la risa y el llanto.


    Por el verbo de 4 letras

    que se ha posado

    en las entrañas de mi pecho.

    Pensar, pensarte, imaginar

    como adoraba enredarme

    en tu blanco pelaje

    de atrevidas preguntas.


    No sé cómo serenar

    este luminoso fuego, esta pasión desordenada.


    No puedo más que entrever

    tu pardo iris,

    tu clara risa


    No puedo mas que recordar

    todos los abrazos,

    cada guiño

    y tus hermosas sandalias.


    No puedo más que vivir

    en la desatada locuacidad

    de las noches a tu lado.

    No puedo más que evocar

    la foto que le hicimos

    a aquel amanecer.

    y esa cerveza

    esa última cerveza juntos.



    Lobito sentía latir el bosque


    Lobito bebía cada brizna de vida


    Sentía que podía inventar

    al lado de Lobita miles de disfraces

    con incontables máscaras

    para hacerla reír,

    para verla feliz


    Disfraces

    como el de guerrero

    o el de bohemio,

    el de displicente caballero,

    o el de distinguido embajador

    el de elegante DJ

    o el de salvaje macarra.


    Trajes de seda

    para acariciar su alma.

    y siempre, siempre, siempre

    una vez más

    sólo una vez más

    escuchar su risa.


    Pero siempre temía que si ella

    veía su alma desnuda

    si ella veía al solitario lobezno

    que no entendía por qué todos corrían

    ni adónde querían llegar.

    Lobita se asustaría.


    Si ella veía al versador

    que temía escribir el nombre

    de Lobita

    por si alguien descubría

    cuanto la amaba, la arrancarían

    de su lado.

    La perdería.


    Si veía su alma

    colmada de cicatrices

    sus miedos, su atroz pánico a la oscuridad

    y a la soledad, se asustaría

    se iría a otro bosque.


    Se mostraba divertido, distraído, indiferente

    cosmopolita, a veces superficial

    pues temía arrastrar a Lobita

    al desolador abismo que vivía

    en lo mas profundo

    de su adolescente y arrogante juventud


    Construía armaduras relucientes,

    listas para mostrar,

    en un mundo

    que siempre le había resultado

    hostil y violento.


    Construía memorables personajes

    llenos de graciosa e ingeniosa

    ingenuidad, sólo para verla reír.

    una vez más, sólo una carcajada

    más y hacerle cosquillas

    en el alma

    y siempre, siempre, siempre

    una vez más

    sólo una vez más

    escuchar su risa.

    Y ser feliz por un rato.