Dos jóvenes lobitos

Versos, aullidos, historias. Apasionadas e interminables noches, latiendo fortísimo dentro de dos jóvenes lobos, adolescentes, enamorados, atravesando aventuras memorables, promesas inquebrantables e imaginando hazañas épicas siempre llenos de sueños mágicos. Mientras se comen la vida impregnados de hermosos colores, como el de buscar la verdad o la belleza, como alcanzar cimas imposibles, como ser el orgullo de los lobeznos que fuimos.

La cueva y el aullido

Si la alegría cubre mi rostro cuando te escribo. Si eres felicidad, dicha de mis mejores días. Si los días han tornado un divertido y deslumbrante Edén, de versos granujas sólo cuando pienso en ti. Si la alegría cubre mi rostro cuando te escribo. Todas las tardes descubro un ritmo nuevo. Un aullido desgarra la noche eres tú, ahora esa gran loba de los cuentos que trae un mundo nuevo para los dos. Un universo de colores y aromas un cosmos de ilusiones y esperanzas cubierto sólo contigo, María.

Caminamos por un pequeño sendero entre enormes árboles son los edificios de nuestro bosque, vas levantando una polvareda de enamorados latidos con tus pisadas y calmas cada rama. Hay un pajarito cantándole al otoño y su canción rima con tu sonrisa. Ahora corres, vuelas dichosa por encima de los miedos y muerdes con tus fuertes fauces un poco de vida hasta dejarme sin aire.

Nos besamos, nos lamemos las heridas de andar enredados en las zarzas de sus tristes pesadillas. Nos comemos su desabrida ira con un mordisco de alegría. Me miras cómplice y te descubro al fin mirándome. Paso un poco de vergüenza creo que me he sonrojado y he encogido un poco las garras. Perdona si agacho la cabeza y miro distraído el horizonte, pero temo que descubras al lobezno que aún suspira mirándote de reojo con una tímida sonrisa en los labios.

Desde el salón de casa no veo la luna, pero voy a salir a la terraza fuera de la cueva, al límite del precipicio para aullarle junto a ti a la luna, seguro si me lees de noche te descubres mirando la luna y buscando un rincón donde nadie te escuche aullarle. Para estar un poco juntos aquí, allí en una distancia que se había hecho infinita.

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