Dos jóvenes lobitos

Versos, aullidos, historias. Apasionadas e interminables noches, latiendo fortísimo dentro de dos jóvenes lobos, adolescentes, enamorados, atravesando aventuras memorables, promesas inquebrantables e imaginando hazañas épicas siempre llenos de sueños mágicos. Mientras se comen la vida impregnados de hermosos colores, como el de buscar la verdad o la belleza, como alcanzar cimas imposibles, como ser el orgullo de los lobeznos que fuimos.

La indignación de Lobito

Desde el acantilado donde aullamos a la luna hemos arrancado un pedazo de éter fuertísimo con las fauces, rasgando el cielo y han aparecido a nuestros píes una plétora de estrellas fugaces intentando huir entre nuestras patitas.

Caminamos por encima de un cúmulo de deseo y te miro a punto de agarrarte de los ojos, de tanto mirarte el iris, Lobita.

Le pido un deseo a estás desparramadas estrellas que corren raudas hacia los cielos: un instante más juntos para poder redactar otro párrafo enamorado, les pido que esta distancia se haga pequeña, invisible. Para poder seguir viéndote cada día aquí sentada sobre mi regazo para enredarme ahora los ojos en tu pelaje y lamer cada rinconcito de tu cuerpo.

Hemos bajado despacio al valle, siempre te gusta ir marcando el paso y las veredas no paran nunca de sorprenderme con amaneceres de intensa belleza, cuando te sigo, Lobita.

Este otoño que todo lo inunda de naranjas, marrones y rojos no paran de asomarse curiosos hongos de brillantes colores para guiñarle un ojo a Lobita, cuanto más nos adentramos en el bosque, más lucen como caprichos de tus deseos y les he dicho a las setas que se corten un poco de intentar deslumbrarte y se han reído entre esporas.

Hemos llegado al riachuelo que termina por reposar en nuestro lago, le he preguntado si podíamos beber un poco que andábamos secos y nos ha dicho: Bueno, pero quiero ver un poco el reflejo de Lobita. Entre tu belleza y el lago me he marchado indignado a beberme las ganas de morder el agua.

La lechuza se ha marcado un vuelo en picado y hemos escuchado gritar a un distraído ratoncillo y nos ha dado hambre.

Cuando llegábamos al lago nos hemos percatado que había una cuadrilla de corzos, bebiendo y charlando sin percatarse de nuestra presencia les hemos tendido una emboscada y ya tenemos cena. A mí, me apetecía pato pero no veas como han volado los elementos.

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