Hemos excavado una nueva lobera tiene vistas a un amanecer risueño con un horizonte irisado de focos púrpura, azules, verdes, amarillos… Estaba divagando pensando en ti, para variar, para variar por dónde empezamos hoy. Por comerte la boca, eso seguro, después quizás ponga un punto aparte mientras me pierdo mordiéndote despacio los secretos ocultos entre tus patitas. Me has acariciado con los ojos jugando al escondite tras la puerta del baño, al mismo tiempo me has mojado un poco los labios con tu lengua y una pizca de tu saliva y he estado a punto de arrancarme los labios sólo para saborearte. Quiero masticarte, quiero comerme deseo pasión y juego a que no me importa nada, nada más que tu sonrisa. Voy por nuestro bosque distraído con algún graznido impertinente, pero como que me la trae al pairo. Estoy acechando al otro lado de la entrada de la lobera esperando a que aparezcas. Tengo un murmullo en los labios como si me los hubieras dormido con tu sabor y la tarde se hace de té negro pakistaní, de café espeso, de sueños dichosos y espero tranquilamente a que se vaya apagando el sol para encender una hoguera con la llama de tu presencia. Me fumo otro cigarro para dejarme el alma en las profundas caladas, lates María, en las volutas de humo. Escucho tu risa y río, río de aguas profundas y bravas, saltando dichoso por encima del bien y del mal.
Dos jóvenes lobitos
Versos, aullidos, historias. Apasionadas e interminables noches, latiendo fortísimo dentro de dos jóvenes lobos, adolescentes, enamorados, atravesando aventuras memorables, promesas inquebrantables e imaginando hazañas épicas siempre llenos de sueños mágicos. Mientras se comen la vida impregnados de hermosos colores, como el de buscar la verdad o la belleza, como alcanzar cimas imposibles, como ser el orgullo de los lobeznos que fuimos.



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